Nunca he pensado realmente en mi forma de hablar, creo que dice mucho mas de mi que otras cosas, por si misma dice mas que mis palabras… alguna vez quise ser la persona mas elocuente del planeta y que mi voz llegara a todos los oídos del mundo; que todas las personas fueran cautivadas por mi particular timbre y que al unisono se asombraran ante mis historias. Que el rey… en su gran trono diera la orden para salir a buscar las tierras infinitas, aquellas en donde nunca cae la noche, y el calor es infernal y despiadado, tanto o mas que las criaturas gigantescas que la habitan, y sus montañas grandes tan grandes que solo las puedes ver pequeñas si te las imaginas, no alcanzan a dar suficiente sombra a los pobres incautos que se adentran a buscar su preciado tesoro, la suerte necesitas de tu lado si quieres contar tu viaje a este lugar o bien como en este caso un grupo de poco mas de cien hombres.
Tan grande es el tesoro, tanto vale la pena… al amanecer parten los cien, armados de espadas y lanzas, y solo contando con siete días para llegar pelear y regresar, siguen marchando sin ignorar que tal vez solo uno ha de regresar, mas nada importa por que el camino termina ya, a sus pies esta la gran entrada del Valle, un gran marco de piedra con una roja calavera de algo que parece mas bien un animal de dimensiones nunca antes vistas por aquellos infortunados. Dentro del Valle sigue la marcha y ataca su primer peligro, el sofocante calor que hace arder las armaduras hasta convertirlas en hornos de treinta quilos; por el peso y el cansancio can diez y por un extraño animal que come soldados caen quince, pobres idiotas que nunca habían visto un dinosaurio. Después de tanta batalla logran matarle y sienten un gran alivio, por continuar su viaje o tal vez por saberse vivos, mas la alegría dura poco ya que el cielo se abre con un gran grito, parece de humano tal vez un chiquillo, pero la duda disipan al ver un gran grifo, volando en picada para cazar a la presa deseada; pero el ingenio es mucho y mas estando en peligro, juntan sus lanzas haciendo una grande pero rudimentaria estaca; la caída en picada de nada sirvió, pues el horrible monstruo su muerte encontró; caminando siguieron ya sin armaduras, y el calor nuevamente ataco dejando solo cuarenta para terminar la enmienda.
Al salir del valle llegaron al rió, cruzaremos nadando dijeron… grabe error cometieron. A los pocos metros un jalón en sus pies sintieron, plantas mas raras ellos nunca antes vieron, colmillos mordían mientras las plantas comían, como pudieron… solo quince salieron, ya sin calor pero mucho mucho dolor. Al pasar los arbustos estaba ya el Templo; de gran roca verde como llena de vida era la pared del templo ya destruida, cuando los valientes entraron, vieron el preciado tesoro que valía ochenta y cinco vidas.
Un rayo de sol entraba por un costado, mostrando el camafeo que era tan preciado. El conocimiento sagrado, era ahí mostrado, de mármol tallado y con destreza formado, el nombre de Dios estaba grabado.
Eso fue lo que le conté al Rey